miércoles, 23 de abril de 2014

Mírala a los ojos y El techo


Mírala a los ojos

Mientras miraba su cuerpo muerto tumbado en el féretro se dio cuenta de que únicamente podía mirarle a un ojo. Su mirada se centraba en un solo punto, era imposible centrarse en ambos. Entonces recordó eso que le decía cuando estaba enfadada “mírame a los ojos, a los dos”. Seguramente se hubiera muerto antes si en ese momento le hubiera dicho que eso era algo imposible. “¿De dónde vienes? Son las 3 de la madrugada. Mírame a los ojos, a los dos. ¿De dónde vienes?”. No puedo mirarte a los ojos cariño, no puedo.


El techo

Había un agujero en el techo. Podíamos follar y ver las estrellas pero luego el frío era insoportable. A ella le encantaba pero también le encantaba pasarse las tardes gritándome y rompiendo mis cosas. Por ese agujero entraban bichos y a veces se colaba alguna paloma. La lluvia era una putada, os lo juro. No os negaré que tenía un punto romántico pero si el techo no está bien no cojáis el maldito piso. Supongo que ya me entendéis.